El concepto de Dios o la Fuente no es algo externo; es una energía universal e inherente a todos los seres y formas de vida. Dios existe a través de nosotros, y nosotros existimos a través de Dios. Cuando Jesús dijo “el Padre y yo somos uno”, no se refería a una exclusividad personal, sino a la unidad esencial entre todos los seres y la divinidad. Así, cada ser – humano, animal, planta o mineral – es una manifestación de Dios, y no necesitamos buscarlo afuera: Dios está en nuestro interior y en todo lo que nos rodea. Al pedirle algo a Dios, realmente nos lo estamos pidiendo a nosotros mismos, y será nuestra fe y convicción las que nos permitirán manifestar lo deseado. Dios es imparcial y contiene en sí tanto el bien como el mal; es el Todo, y en ese Todo, cada experiencia y cada ser vivo es parte de una vasta expresión de libre albedrío.
En esta concepción, todos somos uno. Al mirar a los ojos de otra persona o al contemplar la vida en cualquier criatura o elemento de la naturaleza, en realidad estamos mirando una extensión de nosotros mismos, otra faceta de esa misma esencia divina. La Fuente se individualiza en cada ser y en cada forma para experimentar innumerables situaciones de vida, absorbiendo conocimiento de todo al mismo tiempo. En este vasto océano de identidades diversas, debemos permanecer, navegando hasta que las aguas se calmen y todos vayamos en la misma dirección. En ese momento, alcanzaremos la verdadera Unidad, comprendiendo que todos somos uno con la Fuente.
La Fuente y nosotros somos lo mismo; somos sus exploradores, sus "mineros," revelando y descubriendo las maravillas que ella misma encierra. A través de nuestras experiencias, y también a través de la existencia y evolución de todos los reinos animal, vegetal y mineral, la Fuente se autoconoce, se autopercibe y se descubre a sí misma. Cuando nosotros, como manifestaciones de la Fuente, logramos interpretarla – es decir, interpretarnos a nosotros mismos y a todo lo que compone el universo – la Fuente experimenta dicha, pues en cada descubrimiento y conexión, ella se reconoce y se comprende un poco más.
Algunas personas tienen una sensibilidad especial que les permite interpretar esta energía universal de una manera más profunda. Estos "intérpretes" de la Fuente logran extraer de ella cosas hermosas, como un libro, una poesía, una canción, una pintura o una invención. Son personas comunes que, a través de su conexión, logran transmitir la esencia de la Fuente para beneficio de todos. En definitiva, somos la misma cosa: una energía universal, una sola Fuente, manifestándose en formas individuales y colectivas, en todo lo que existe, que a través del autoconocimiento y la creatividad aspiran a elevarse y avanzar en una espiral ascendente sin fin.
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