Tibio sol de setiembre que acaricias mis sienes
capullos débiles que nacen y florecen.
Siento como si algo en mi me inundara
que mis pensamientos e ideas ya no se disiparan.
Viento suave que intentas ser menos frio
otras tardes por ti me he llenado de hastío,
pero hoy simplemente respiro hondo y te digo
¡qué hermoso que eres! ¡qué cambio has tenido!
Levanto mi vista hacia el mar infinito
blancas islas resaltan en su azulada cara
y asomando ente medio de estas se haya
un pulpo dorado que todo lo abrasa.
Piso un extenso manto de verde tejido
matizado con encajes de pétalos mullidos.
Me acerco hacia ellos, los miro y me dicen
¡por favor no nos pises que recién hemos nacido!
Un espejo azulado que tranquilo se haya,
refleja las siluetas de las montañas nevadas.
Gigantes abrigados con sus blancos tapados
de a poco los dejan pues el invierno ha pasado.
Dulce canto mañanero que mis oídos por ti claman,
ya los estas colmando con dulces notas extrañas.
Pequeños holgazanes asoman sus largas caras
por simuladas portezuelas que llevan a sus cabañas.
Camino lentamente, atento mis cinco sentidos,
en el bosque de mi vida y emocionado como un niño,
levantando mis brazos a lo alto, y mirando al divino
expreso con con fe sincera:
¡Gracias Dios por haber creado algo tan hermoso
como es la primavera!
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