La noche los envuelve con sus sombras
el cielo deja de ser tal
la luna baña sus cuerpos
con blanca luz espectral.
Las caricias se suceden lentamente
las estrellas profanan su intimidad
el universo se estremece suavemente
algo está a punto de cambiar.
Se inspeccionan con manos temblorosas
inexpertas en aquel juego infernal
poco a poco se descubren con osadía
dando paso al primer ritual.
La melodía se posesiona de sus cuerpos
el ritmo crece sin cesar
el frenesí invade sus sentidos
vorágine de placeres sin par.
El cielo nace nuevamente
las sombras escapan una vez más
las luces denuncian sus figuras
y ante Dios su pecado original.
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